En los niños, el hábito del cepillado se construye con regularidad antes que con técnica perfecta. Una rutina corta por la mañana y por la noche, acompañada por un adulto, ayuda a integrar el cuidado oral en la vida diaria. Un cepillo adaptado, poca pasta fluorada y revisiones periódicas reducen el riesgo de caries tempranas. Los padres deben mostrar, animar y comprobar las zonas difíciles.
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